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Tienes derecho a estar GORDA x Virgie Tovar

Hace un mes, más o menos, llegó a mi uno de los libros que más sentimientos ha despertado dentro de mi en los últimos años. La joyita, “You have the right to remain fat” o lo que es lo mismo “Tienes derecho a estar gorda”, me ha causado tanto impacto que he necesitado darme unas semanas de reflexión para poder escribir esto. Sabía que un libro con la palabra “derecho” y “gorda” iba a ser poco menos que impactante y emocionalmente intenso para mí y es que para los que nunca me hayan visto o no me conozcan, sí, yo fui una niña con carnes, y lo sigo siendo después de casi 3 décadas. Y cuando digo carnes, no sólo digo eso, hablo de todo el “pack”: acné, entre-cejo, vello en la cara y por supuesto esos cuantos kilos de más.

Siempre fuí diferente y el resto del mundo, sobre todo en el territorio escolar, que para entonces era todo mi universo, se encargaron de recordármelo prácticamente cada día de mi vida estudiantil. Eran algunas las chicas que comentaban al oído durante las clases de gimnasia que “me costaba saltar o correr rápido” porque estaba gorda, o los chicos que utilizaban ese adjetivo constantemente en forma de burla, como si yo hubiera sido alguna vez culpable de mi condición física. Y digo ésto porque nunca jamás culparé a mi alimentación por haber estado más rellenita de lo normal. ¡Nunca! Porque comía sano, mucho, pero sano y limpio y jamás un médico me llegó a decir que algo dentro de mi cuerpo estaba mal. Fue el resto del universo pre-adolescente el que se encargó de hacérmelo creer.

Pero recuerdo aquel día en el que un niño, ese que tanto me gustaba, me dijo en una de las clases de natación que “yo jamás flotaría en una piscina porque me pesaba demasiado el culo”. Aún recuerdo su cara mientras me lo decía y mi sensación de ahogo dentro del agua mientras me sentía observada, vejada y ninguneada sin que nadie hiciera nada para evitarlo. Recuerdo que desde aquel día no quise volver a pisar una piscina con nadie que pudiera conocerme, con nadie que pudiera hacerme daño, con nadie que pudiera juzgarme por llevar un bañador con el cual se vislumbraban esas pequeñas morcillitas que tanta gracia hacían cuando era pequeña y que ahora empezaban a ser un lastre en mi vida.

Y mi familia sufrió mi adolescencia terrible. Una adolescencia llena de mal humor, tristeza y gritos constantes nacidos principalmente del mal estar que tenía conmigo misma. Con los años detectaron que mi problema para adelgazar no era yo, sino un Tiroides de Hashimoto que impedía a mi hormona tiroidea funcionar en condiciones normales.

Por ello, cuando llegué al libro de Virgie Tovar “Tienes derecho a estar gorda” me sumergí en un mundo y en una historia que yo ya había vivido desde hacía años y que por desgracia había causado tanto daño en mi persona que hoy, cuando estoy a punto de cumplir casi 30, sigo rememorando cada día. Pero Virgie me ha ayudado, sí, lo ha hecho, y por ello quiero darle las gracias una y otra vez por haber escrito lo que ha escrito y por luchar como lucha por el derecho de sí, las PERSONAS GORDAS. Y esto lo digo con lágrimas en los ojos porque, al contrario que ella, mujer orgullosa de su cuerpo, sus curvas y que disfruta de lo que come, yo todavía no he conseguido superarlo. Sigo creyendo que la culpa es mía y que tenga los kilos que tenga, nunca dejaré de ser lo que aquellos niños terribles me llamaban cada día.

Me refugié en los libros, en los estudios y en ser la mejor en absolutamente todas aquellas cosas en las que yo tuviera el control absoluto de la situación, ya que con mi cuerpo no podía, tenía que poder con el resto. Eso es, en cierta forma, lo que me ha hecho llegar donde he llegado y ser la persona que soy, con mis defectos y virtudes, pero yo en mi pura esencia dedicada en cuerpo y alma a la comunicación y la educación.

Por ello, os animo a todos y cada uno de vosotros a que dediquéis unas horas de vuestra vida a leer este maravilloso título, porque a mi interiormente me ha cambiado, y mucho. Me costará superar muchas cosas y seguiré llorando cada vez que veo que el peso de la báscula no desciende, pero gracias a Virgie Tovar me he dado cuenta de que NO ESTOY SOLA. Que hay más gente en el mundo que ha sufrido igual o más que yo.

“Tienes derecho a estar gorda” me ha cambiado la vida y por ello, te doy las gracias V.T.

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